Que vamos a quitarles sus maridos, esos que mientras despotrican de la homosexualidad en la casa, van a recoger muchachitos al Parque Berrío (Medellín) o al Parque de Lourdes (Bogotá).

Por: Ian Lopez

¿Por qué hay tantos por ahí empeñados en no dejar que los homosexuales nos casemos? Que situación tan paupérrima e injusta, si yo no veo la hora de pescar un buen partido y poder salir con él a comprar ropita, algo modesto, como Armani, Versace o Louboutin.

Deberían dejar. Muy rico. Así yo podría casarme con un viejito adinerado en una modesta boda en las Islas Fiji, darle doble dosis de veneno para ratas en la piña colada, quedar protegido económicamente, y vivir con calma mientras consigo otro para exprimir. ¿O no es eso lo que piensan muchos? ¿No es lo que comadrean tantas señoras con sus amigas? Que vamos a quitarles sus maridos, esos que mientras despotrican de la homosexualidad en la casa, van a recoger muchachitos al Parque Berrío (Medellín) o al Parque de Lourdes (Bogotá). Tranquilas, con esos no se encarta nadie sino es por dinero, así que usted asegúrese en el testamento, y así, si se muere de una sobredosis de viagra, obviamente no con usted, el dinero le quede en una cuenta de ahorros y sumercé se pueda casar con el muchacho que le limpia la piscina los sábados.

Es que el matrimonio homosexual es un negocio, no entiendo cómo no son capaces de verlo, acá que le sacan dinero hasta a la exportación de bobada.

Primero que todo, como somos de estrafalarios y llamativos, vamos a querer una boda que sea más llamativa que la de las Kardashian, o la de la del príncipe Guillermo. Y como somos de envidiosos y rivalistas entre nosotros mismos, la boda de cada pareja debe ser mejor que la anterior, con show de media noche por Lady Gaga y un pastel especialmente elaborado por los de Cake Boss. ¿No lo ven? Eso es un machete, el matrimonio gay es un dinamizador de la economía.

¿Y cuál es el problema de algunos abogados? No somos pues una manada de promiscuos e indecisos. Así muy bueno, no les va a faltar trabajito porque imagínense la cantidad de divorcios. Que quién se lleva la cama, que quién el juego de té, que para quién el vibrador y que quién se queda con el french poodle. Y ese mismo cuento cada 4 meses.

A decir verdad no los culpo por el prototipo, porque somos nosotros mismos, con ayuda de la televisión obviamente, quienes hemos dejado que nos encasillen y nos clasifiquen, como prendas baratas que se van de remate. Pero, ¿por qué no mirarse a sí mismos antes de andar juzgando a los demás? Si ya lo dice la Biblia en un versículo por ahí, y a la Biblia, señoras y señores, hay que respetarla, ¿no es como el manual de cabecera de muchos de ustedes? Predican pero no aplican, válgame Dios.

¿El problema de verdad somos los homosexuales? ¿Es que no hay heterosexuales promiscuos e irresponsables con su sexualidad?¿O la señora a la que el marido le pegó VIH no fue porque él estaba revolcándose con una prepago que le llevaron sus amigos a esa finca a la que ella no quiso ir por no perderse la novela? ¿O es que usted cree que su hija cuando sale el fin de semana y regresa con un reguero de ropa de marca fue porque la compró en un Todo a 1.000?

Afortunadamente no todos piensan igual, algunos nos ven como sus iguales y han luchado en conjunto con nosotros por lograr una igualdad legal, que nos ampare y nos brinde los mismo beneficios que a la sociedad que muchos clasifican como “normal”. Pero los demás: ¡Despierten, carajo! Aquí hay de todo, como en una plaza de mercado; así como hay homosexuales alborotados, promiscuos y cazafortunas, también hay muchachas, muy orondas ellas, quedándose con el patrimonio familiar. Y así como hay parejas heterosexuales que desean establecer un hogar, una familia y un matrimonio, también las hay por acá, que queremos tener un hijo o dos, una casita a las afueras, y dos perros; eso sí, todo con el dinero de nuestro trabajo, ¿o es que ustedes creen que yo estudio para casarme y que me mantengan? Si para eso fuera no me esforzaría en pulir mi mente, en formarme como profesional, al fin que ya estoy en edad de merecer.

¿Saben qué? Les voy a hablar en términos que ustedes sí entienden. Los amenazo por convivencia. Por doblemoralistas de palabra, conservadores de obra y liberales de omisión.