SIMON BLAIR¿Un hecho de la casualidad? ¿El universo entero conspiró para que en el futuro lo catalogaran como uno de los grandes contemporáneos del ciclismo? Vamos, qué aburrido suena todo esto.           

          

Por: Simón Blair

Nairo Quintana quedó subcampeón en el Tour de Francia, campeón de los jóvenes y campeón de montaña. Bien por él.

Colombia amaneció con la piel de gallina, el engrandecimiento por las nubes y el orgullo franqueando el infierno y el cielo. Creo que hasta la vanidad de dios se sintió apuñalada por un poco de carbono (47 millones de habitantes); pues se olvidaron las misas y las promesas.  Colombia amaneció con un nuevo campeón, el ya mencionado ciclista boyacense Quintana: una revelación, una gloria del suelo colombiano.

Nairo nació en Tunja, bajo el cuidado de campesinos que se dedicaban al cultivo y comercialización de frutas y verduras, actividad también a la que él se dedicó después de que su padre sufriera algunos accidentes impidiendo, de este modo, su capacidad de trabajar.  Al mismo tiempo que Nairo trabajaba, estudiaba en un colegio de Arcabuco, y al no tener sus padres los recursos necesarios para el transporte público, no le quedó de otra que usar la bicicleta. ¿Un hecho de la casualidad? ¿El universo entero conspiró para que en el futuro lo catalogaran como uno de los grandes contemporáneos del ciclismo? Vamos, qué aburrido suena todo esto.

Yo estoy más del lado oscuro de esta historia: una familia, como tantas, abandonada; a la deriva, la pobreza aquí y allá, un adolescente que estudia y trabaja al mismo tiempo, que no cuenta con los derechos mínimos que se le han prometido. Un adolescente que no tuvo de otra que utilizar su bicicleta por un peligroso y arduo camino, en el que sólo los más fuertes podían recorrer.

Colombia se siente grande por algo que ni siquiera hizo, decir que Nairo Quintana es Colombia me parece una arbitrariedad. Colombia, país de fútbol, dizque feliz porque ganó un ciclista, uno que salió de la nada, de las montañas, olvidado, que sólo por su propio esfuerzo y dedicación pudo llegar hasta donde está hoy: entre los grandes. 

Pero así pasa aquí: cualquier persona que sobresale, inmediatamente y en pararelo,  sobresale Colombia. Sería propicia la pregunta para muchos deportistas que salieron de las más infames condiciones de pobreza, qué significó Colombia en esos instantes. Sólo quisiera conocer las condiciones sociales, pues muchos dirían que Colombia es bellísima (y lo es) y fue una bendición haber nacido aquí. Incluso, podrían responder en relación con el caso Nairo, que fue una señal divina, un azar maravilloso del espacio y el tiempo el hecho de que él fuera pobre y la bicicleta llegará en el momento justo en el que se debía entrenar para llegar hasta los más altos reconocimientos . Esto me parece, sin duda, morboso, perverso y patético.

Todo el reconocimiento se lo merece Nairo Quintana y nadie más: es él quien se esforzó, quien se dedicó, quien luchó por eso que hoy es. No fue Colombia, ni azares caprichosos del destino (que en este caso no pasa de ser horripilante). El Estado, de alguna forma u otra, lo abandonó.  Y ahora vienen con el cuento de que es un ejemplo; sí, es un ejemplo de esfuerzo y lucha, no de un país que lo obligó a ser a través del camino más fatal que es  la pobreza.

Me sentiría bien sí el caso fuera que Colombia lo preparó en las mejores condiciones y no con ese patetismo que sale del destino de la pobreza y su capacidad para transformar vidas.

No es extraño ver que Colombia se siente feliz por un deportista que sobresale en un deporte que rara vez se ve, o tal vez nunca. Lo que importa es esta felicidad hipócrita, una felicidad que sólo funciona cuando se es el invicto. Reitero mi admiración por el deportista que sobresale y espero que continúe llegando cada vez más lejos, pero mi alegría es por él y sólo por él.

PD: No salió de la nada hace poco un artículo en El Espectador en donde Santos prometió a Quintana un Centro deportivo en el 2010, después de que ganó el Tour l’Avenir, y bueno ¿dónde está?