Por eso, la iniciativa de los vecinos en defensa del bosque de Álamos es más que noble y altruista, es la que se va tejiendo alrededor de una nueva ética ciudadana que descansa sobre nuevos valores y principios, entre ellos la protección incondicional del medio ambiente en contraste con una institucionalidad ambiental que legaliza los desafueros del sector privado.

 

Por Adriana González Correa

Los vecinos de Álamos han comenzado una cruzada ciudadana en defensa del medio ambiente. Su bosque, el bosque de los pereiranos, está siendo amenazado por las ambiciones desmedidas de una inescrupulosa constructora como Coldecon.

Hace un poco más de 20 días, los vecinos más cercanos a la zona comenzaron a ver un movimiento de obreros alrededor de un predio ubicado entre las calles 14ª y 16 y carreras 26 y 27, entre los barrios Álamos y Ciudad Jardín, preocupados por la situación comenzaron a indagar y descubrieron que desde el 16 de enero la constructora en mención solicitó ante la Curaduría Urbana No. 2 licencia de construcción.

El problema es grave, porque en Pereira cunde la ilegalidad cuando de proyectos inmobiliarios se trata. Es común que se otorguen licencias de construcción en zonas de protección ambiental o en suelos cuyo uso y destinación no está permitido para vivienda, el POT no es tenido en cuenta o es asaltado impunemente y en la mayoría de proyectos con solo el inicio del trámite de licencia en la Curaduría comienzan a construir, cuando la ley establece que ésta solo iniciará una vez sea otorgada.

En el bosque de Álamos confluyen varios de los elementos en mención. En primera medida la zona hace parte de la Estructura Ecológica principal del Municipio, según reconocimiento del Plan de Ordenamiento Territorial de 2016, el mismo que demandó el año pasado Camacol, con el fin de poder desafectar ciertos predios de la ciudad, para pañetar con cemento y arena a la ciudad.

También la zona hace parte del corredor ecológico que se conecta con el Jardín Botánico de la Universidad Tecnológica, es decir, está en el entramado ambiental de la ciudad que permite que tengamos un aire menos contaminado; la riqueza de flora y fauna en ella contenida es patrimonio nuestro y tenemos la obligación de protegerlo.

Ahora bien, si el predio está reconocido en el POT como parte de la estructura ecológica principal del Municipio, significa que el mero intento de solicitar licencia de construcción ya se constituye en un acto ilegal –que en una legislación protectora del medio ambiente deberían sancionarse dichas prácticas–.

Justo este fin de semana “Pereira como vamos” hizo una campaña en el centro de la ciudad en la que nos recordaba que respirar en la ciudad equivale a fumar un cigarrillo diario, lo que implica que tenemos la obligación de proteger nuestros recursos naturales –incluso– con el fin egoísta de mantener la supervivencia humana.

En Pereira a las constructoras no les asiste ningún interés de proteger la vida y, por el contrario, sólo están preocupadas por sus ganancias económicas, sin importar el bienestar de las 480 mil almas que habitamos la ciudad, la que no está por demás recordar es de tod@s.

Por eso, la iniciativa de los vecinos en defensa del bosque de Álamos es más que noble y altruista, es la que se va tejiendo alrededor de una nueva ética ciudadana que descansa sobre nuevos valores y principios, entre ellos la protección incondicional del medio ambiente en contraste con una institucionalidad ambiental que legaliza los desafueros del sector privado.

También vale la pena reflexionar sobre la construcción de la nueva ciudadanía pereirana, esa que se ha ido constituyendo después de la movilización contra el cobro injusto de la Valorización. Esto sin duda fue un punto de inflexión que permitió a los ciudadanos comprender que los derechos se deben reclamar, que no solo somos objeto de obligaciones, que la ciudad es nuestra y que tenemos que apropiarnos de ella, de su destino, que finalmente es también el nuestro.