Tuve la oportunidad de visitar a estas familias cuando esperaban en el hotel el domingo en la noche. También fui a visitar al imponente edificio que le faltaba un extremo, del cual los escombros se encontraban en el suelo. Parecían organizados, todos se veía perfecto.
#TragediaSpace, con la “t” y la “s” mayúscula, como me especificaron antes de twitear algo al respecto. El pasado viernes los habitantes de la torre 6 del edifico Space de Medellín fueron evacuados por el riesgo de que el edificio colapsara. En cinco días podrían volver a sus hogares, les afirmó CDO, la constructora. Al día siguiente, la torre 5 también fue evacuada.
El sábado, a eso de las 8:20 de la noche, la torre 6 se desplomó. No se derrumbó, se desplomó. Desde su piso más alto, uno a uno los pisos se fueron al piso como una torre de naipes mal armada. Humo, cemento, 11 desaparecidos y 140 familias damnificadas.
El domingo en la noche, todos sus residentes se encontraban hospedados en Zona Rosa y Hotel 10. Invitados al Intercontinental a hacer una lista de pérdidas. También les prometieron 3 millones y medio de pesos -que fueron entregados el lunes- a cada familia para su sostenimiento en el mes siguiente.
Tuve la oportunidad de visitar a estas familias cuando esperaban en el hotel el domingo en la noche. También fui a visitar al imponente edificio que le faltaba un extremo, del cual los escombros se encontraban en el suelo. Parecían organizados, todos se veía perfecto.
No parecía una tragedia, tampoco había dolor en los rostros de las familias que habían perdido sus casas, pertenencias o hasta mascotas. Tranquilos hacían la lista de las cosas que perdieron y comentaban sobre los zapatos que tuvieron que comprar por haber salido a la carrera.
Mi pregunta es simple, y sin ánimo de devaluar lo que sucedió el fin de semana, pero todos estaban tranquilos. ¿Por qué? Tal vez porque tienen el dinero suficiente para comprar otro apartamento, incluso en una montaña más alta del valle. Tal vez, porque tenían aseguradas con la Alcaldía y la misma empresa una ayuda considerable.
Viéndolo desde otro punto, se cayó una sola torre de un conjunto de edificios. ¿Cuántas casas o edificios no se han caído en otros barrios, igual de altos en la montaña en la misma ciudad? ¿Corren los medios y las autoridades como lo hicieron con Space?
En La Gabriela sí hubo la atención necesaria, pero es llevar una catástrofe al extremo. ¿Qué ayuda tendrían los habitantes de San Javier, Belén o Robledo, los cuales también tienen construcciones en montañas destinadas a fallar geológicamente?
En todo caso, por lo menos estas 140 familias no tienen que sufrir, por lo menos estas familias pueden dormir más tranquilas hoy. Menos mal el número de muertos o desaparecidos es bajo –casi todos infortunados obreros que trabajaban en el edificio–, aunque siempre es dolorosa cualquier pérdida de cualquier vida.
PD: Con esta columna me despido. Le quiero agradecer a Tras la Cola de la Rata por el espacio que me dieron y a sus lectores por acogerme.
Nota del Editor: Miguel Ángel López se retira debido a sus múltiples compromisos personales, pero sabe que acá estará siempre abierta la puerta para seguir construyendo un sueño en el que creyó desde sus inicios.



