Regresé a dicha vereda a los quince días, porque me encontraba haciendo un trabajo etnográfico con ese jaibaná y me pude enterar, que le habían dado muerte al indígena que recién había purgado su pena de 20 años en Belén de Umbría.

Por: Víctor Zuluaga Gómez

El tema de la autonomía que tienen las comunidades indígenas para aplicar su propia justicia, es un capítulo que aún no está cerrado; es decir, aún sigue siendo un tema de discusión.

Y tiene que ser un tema bien polémico en la medida que siendo los pueblos indígenas, unas etnias minoritarias, pues existe un ordenamiento jurídico elaborado por los sectores hegemónicos o si se prefiere, mayoritario. Pero no hay duda que los indígenas, así como las comunidades afrocolombianas, tienen una cosmovisión que los hace diferentes desde el punto de vista de la valoración de ciertos comportamientos humanos.

Recuerdo que hace algún tiempo, en una visita que realicé a la vereda de Humacas Medio en Mistrató, hablé con un jaibaná embera-chamí y me dijo que, señalándome una casa, que allí vivía un fulano que había sido condenado por la justicia de los “capunías” (blancos) a veinte años de cárcel y que ya había cumplido su pena. Pero que sospechaba que a ese sujeto que había cometido un delito de homicidio, lo iban a eliminar, los deudos de la víctima. Y así fue.

Regresé a dicha vereda a los quince días, porque me encontraba haciendo un trabajo etnográfico con ese jaibaná y me pude enterar, que le habían dado muerte al indígena que recién había purgado su pena de 20 años en Belén de Umbría. Le pregunté de inmediato la razón por la cual le habían dado muerte y me respondió: “Porque no pagó sangre”. Y no pagar sangre se refiere al hecho de que aquel indígena homicida había dado muerte a otro indígena que era padre de dos hijos y por lo mismo, al momento de morir dejó dos huérfanos y una viuda. El castigo que le hubiera impuesto la comunidad hubiera sido el de obligarlo a trabajar para sostener a la viuda y a los dos hijos, hasta cuando éstos pudiesen tener la capacidad de obtener su propio sustento y darle protección a su madre viuda. Por lo mismo, consideraban que ir a una cárcel a dormir y a comer, era un premio, mas no un castigo.

Por eso mismo, el hecho de que las comunidades indígenas puedan ejercer esa labor de juzgamiento y castigo de acuerdo a sus leyes consuetudinarias, es decir, tradicionales, es importante. Desde luego que hay otras sanciones en donde de aduce que son violadoras de los derechos humanos. Son motivos de discusión hoy en día.

Al respecto hay jurisprudencia de las altas cortes en donde reafirma la autonomía de las autoridades de los resguardos indígenas en tanto que los delitos se cometan dentro de los territorios indígenas y por miembros de dicha comunidad. Aquí la pregunta es si Rojas Birry tiene la opción de escoger qué tipo de justicia lo juzgue. Porque eso sería posible siempre y cuando el oficio de Personero lo hubiese desempeñado, contando con la anuencia de su resguardo embera del Chocó. Porque así diga él que es indígena, el problema no consiste simplemente en decir que lo es, sino actuar como tal y depender de las órdenes de su cabildo. Pero Rojas Birry es un abogado que hace ya mucho rato se independizó de su comunidad y ha hecho vida citadina. Venir a decir ahora que se acoge al fuero indígenas no deja de ser un acto de oportunismo poco elegante.

Pero eso sí, no deja de ser extraño que en un caso de estos, la justicia llegue tan rápido, cuando se trata de un fulano que no tiene el pedigrí de los Nule o de un Pretelt o, en síntesis, de muchos apellidos no criollos.