Los animales de Ordóñez

“no es culpa del animal, eso depende de cómo lo críe el dueño”, argumento tan salido de contexto como el de todos y todas las sexistas…

 

MIGUEL ÁNGEL RUBIO (FINAL 2015)Por: Miguel  Ángel Rubio

Doctor Alejandro Ordóñez Maldonado:

Cordialmente.

Polémico doctor Ordoñez, a su oficio de opinador profesional, al cual está entregado usted, como actividad a priori de su probable candidatura presidencial, voy a referirme en esta ocasión.

Quiero empezar por contarle, Señor procurador, que vivo en una unidad residencial de cuyo nombre no quiero acordarme (como para que quede más cervantina la cosa, así con ese modernismo que le gusta a usted) en la cual, al salir todas las mañanas a trabajar, es posible que los pies marquen su huella sobre las heces de algún ejemplar canino o gatuno, que va desperdigando su necesidad en cuanta escalera, pasillo de zona común, o en  quicio de puerta,  de alguno de  los 160 apartamentos que conforman mi unidad.

Esta es una situación que sobrepasa los límites de la tolerancia ante los dueños de las llamadas mascotas. El problema se sale de su cauce cuando se les exige un mínimo de decencia, que consiste en recoger con pala y bolsa, el desperdicio hecho por el semoviente; y ni qué decir cuando es, digamos, un perro Pitbull o Rottweiler, el cual la ley, aquella dama tan loada por usted (cuando le conviene, claro) exige que deben ir embozalados y debidamente identificados y amarrados, cuando su dueño sale con él a la calle; hasta el más guapo de guacas (perdone el tono paisa) se  cambia de andén, si se encuentra uno de estos de frente.

En diversas ocasiones los noticieros y los diarios han denunciado ataques deliberados de estas razas  de perros a niños, sin embargo, las condenas a los dueños de estas razas, y a las razas mismas, son pírricas, y los animalistas radicales alegan: “no es culpa del animal, eso depende de cómo lo críe el dueño”, argumento tan salido de contexto como el de todos y todas las sexistas; que me demuestren esa premisa, entrenando un león con cariño y dulzura a ver si al primer parroquiano que se encuentre el melenudo felino no le lanza su buena mordida, como si de un agente de tránsito se tratara.

En fin, todo esto para decir que, por primera vez y espero que por última también, estoy de acuerdo con usted, sobre todo en aquello de que los animales deben ser tratados como tales, o como cosas,  equivalentes a muebles. A  este respecto, quiero que me responda lo siguiente: ¿si los animales han de ser tratados como muebles, que se cambian de puesto, o cuando viejos, se compran nuevos, aplica para el caso de Clara López, el nuevo mueble del gabinete presidencial? Digo, con el respeto que me merecen los semovientes que usted menta en sus declaraciones.

Atte.