Hay que hacer una aclaración. Rigoberto no es un portento de la naturaleza como Nairo o Lucho Herrera que explotaban las carreras en la montaña, dejando colgados a sus competidores…

 

Por: Jorman Sebastián Lugo

El ciclismo colombiano vive un nuevo reverdecer. En los años 80 una generación de corredores levantó las pasiones y el patriotismo con sus gestas legendarias. Ahora, una nueva camada, dividida en varias escuadras del pelotón internacional, compite contra los mejores del mundo y en varias ocasiones le gana las carreras.

Hay muchos nombres para destacar de esta nueva generación. El hecho de pensar en las grandes victorias de Nairo, hipnotizando con su forma de pedalear mientras escala puertos interminables, da para sentarse, aplaudir, alabarlo y llorar; ver el tesón que muestra Sergio Luis Henao, para volver a levantarse después de tantas caídas y traspiés, inspira a no desfallecer; o simplemente, recordar la valentía de Chaves, quien nunca se bajó de la bicicleta y nos enseña a todos que la estatura que realmente importa es la del corazón. Sin embargo, hay un corredor que se ha destacado desde el carisma, la frescura y el reinventarse: Rigoberto Urán.

Con la victoria de etapa en el Tour de Francia, Urán se quitó un peso de encima. No solo ganar le devuelve el protagonismo en el plano mundial, también le restablece la confianza que se veía disminuida en los últimos meses, donde no logró los objetivos que tenía planeados. Además, conquistó su primera victoria en la ronda gala.

Pero así es el ciclismo. Un deporte para una raza distinta, una especie que tiene más familiarizado el dolor, el esfuerzo, el sufrimiento, que la sensación de victoria, de alegría. Por eso es una actividad donde se necesita, sí o sí, una escuadra que apoye, que acompañe, porque en el plano físico el refugio es algo necesario, pero en el plano psicológico es indispensable, fundamental. Y quizá esto le faltaba a Rigo, desde su salida del Team Sky, donde no era el capo del equipo; tuvo un paso rápido en el Quick Step, donde el equipo tenía un entrenamiento más preparado para llegadas masivas que para etapas montañosas. Después, recayó en su actual equipo, el Cannodale, una escuadra enfocada en cazar alguna etapa y ganar protagonismo en escapadas y no para apoyar un líder que pelee por una carrera importante.

Sin embargo, Urán creció enfrentando adversidades, desde el asesinato de su padre asumió la responsabilidad de mantener a su madre y hermana. Luego, gracias al deporte, dio el salto a Europa y a punta de buenos resultados, muchos sacrificios y el apoyo de una familia italiana que lo adoptó como si fuera un hijo más, Rigo alcanzó la élite del deporte del pedal, abriendo las puertas a muchos ciclistas colombianos que hoy figuran en los mejores equipos.

Hay que hacer una aclaración. Rigoberto no es un portento de la naturaleza como Nairo o Lucho Herrera que explotaban las carreras en la montaña, dejando colgados a sus competidores; tampoco tiene la potencia en el sprint de Fernando Gaviria y quizá haya desmejorado en las pruebas a contrarreloj. Pero sí cuenta con inteligencia, constancia y tenacidad a la hora de correr.

Con esta capacidad, logró ganar la medalla de plata olímpica, y fue  segundo en dos ocasiones en el Giro de Italia. Por estos tres segundos puestos, se le ha restado importancia y credibilidad cuando lo mencionan como candidato para una carrera. Incluso, llegaron a catalogarlo como un corredor mediocre. Como si lo único que importara fuera siempre ganar e ir primero, mas no intentarlo, luchando hasta donde las piernas y el corazón puedan.

Rigo nos volvió a demostrar que siempre es posible ganar, si no se cansa de intentar, si se lucha, si se persiste. Que quizá habrá mejores, que nos rebasen en categoría y talento, que estén mejor acompañados, con mejores equipos, pero con verraquera y dedicación, pedaleando hasta que el cuerpo diga basta, se puede alcanzar lo que se buscó por años. Hasta el momento es el colombiano mejor ubicado en la carrera ciclística más importante del mundo, a un paso de entrar en el podio, y con dos semanas de carrera. Pero más allá de su posición final, “el Toro de Urrao” no va a parar de dar lo mejor de sí, ni va dejar de sacarnos sonrisas cuando lo entrevisten.