Ordóñez el perverso

GUSTAVOCOLORADOAlineados de entrada en su contra, los medios de comunicación de Colombia no le han reconocido una buena al alcalde. Ni siquiera los aciertos de su modelo de salud o  el acompañamiento a los ciclos educativos de niños y jóvenes.
Por: Gustavo Colorado Grisales
En la Colombia de hoy Procurador se escribe con p de perverso. Iba a decir con p de puta, pero me pareció un irrespeto con esas honestas y serviciales damas. La decisión de  destituir  al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, por parte del funcionario que hoy detenta un cargo elevado al rango de poder celestial, es apenas el colofón para una suma de  arbitrariedades en las que las creencias  religiosas y  los prejuicios ideológicos reemplazan al criterio como base de cualquier juicio.
Ni soy simpatizante del movimiento Progresista ni Petro es santo de mi devoción. Su soberbia me parece una de las peores características de un gobernante: lo enceguece a la hora de medir los alcances de sus actos. Pero lo que acaban de hacerle es una infamia que avergonzaría a  una sociedad con un sentido distinto de la decencia. Sobre todo porque el más retardatario sector de los colombianos, convencido de que las grandes  decisiones se toman pasando las cuentas de una camándula, le está cobrando al alcalde de Bogotá por partida doble: su antigua militancia en la  guerrilla y sus   actos de gobierno que afectaron los intereses de  grandes grupos de poder, entre los que se cuentan el uribismo en el campo político,  aparte de los carteles que monopolizaron durante  años el colosal negocio de la basura en Bogotá y los empresarios de corridas de toros, que incluyen ganaderos, apoderados, intermediarios y otros actores vinculados a la actividad.
Para expedir la resolución que destituye e inhabilita por 15 años al alcalde Petro, el Procurador se centró en el caso de las basuras. De todos es bien conocido que el cambio de modelo del manejo de los  residuos en la capital del país causó en su momento un caos generalizado, aprovechado al máximo por los opositores del alcalde, a través de la manipulación de unos medios de comunicación afectados a su manera por  la pérdida de la pauta de quienes controlaban el manejo de las basuras y la actividad del reciclaje. Es bien sabido que en este último negocio tienen intereses los hijos del ex presidente Uribe.
Con el paso de los días, la situación se normalizó, hasta el punto de  que muchos de  quienes fueron feroces críticos de la medida hoy reconocen sus bondades. Sin embargo, el Procurador, actuando más como vocero de esos intereses particulares que del conjunto de la sociedad, ya se había jugado esa carta  y no podía echar marcha atrás. El resultado es la destitución del alcalde y por ese camino el regreso de una situación de incertidumbre que ha acompañado el ejercicio político y administrativo de Bogotá en los últimos años.
Es tan visible la mala intención del Procurador y de quienes influyen  en sus decisiones, que incluso personas cercanas  a él no dejaron de advertir la evidente desproporción entre la sanción de tres meses impuesta al anterior alcalde Samuel Moreno, implicado en gravísimos casos de corrupción y el castigo aplicado a  Petro: 15 años, que en la práctica echan por tierra su carrera política y todo por una acción administrativa, rodeada en principio de yerros, pero que con el paso del tiempo consiguió equilibrar las cargas.
Otro de  los grupos que enfocó toda su artillería pesada contra el alcalde fue el de los taurinos. No es del caso discutir las bondades  estéticas de la tauromaquia. Lo  cierto es que al suspender  el contrato  para la realización de corridas de toros en Bogotá  el alcalde desató las furias de un  sector de la élite colombiana, afecta a  esa práctica y vinculada también al negocio. Entre algunos de sus representantes se encuentra el ex ministro Germán Vargas Lleras y varios integrantes de la familia Santos, antigua propietaria del periódico El  Tiempo.
Alineados de entrada en su contra, los medios de comunicación de Colombia no le han reconocido una buena al alcalde. Ni siquiera los aciertos de su modelo de salud o  el acompañamiento a los ciclos educativos de niños y jóvenes. Con todo, ha sido tal el despropósito del Procurador que ya algunas voces empiezan a reclamar medidas que limiten  el desmedido y arbitrario poder otorgado a ese cargo. Y  esa  es la noticia buena del asunto:  esas primeras muestras de lucidez son el resultado directo de los propios desmanes en que ha incurrido Ordóñez el perverso en el ejercicio de sus funciones.