“El trabajo es la fuente de toda riqueza… Lo es, en efecto, a la par que la naturaleza, proveedora de los materiales que él convierte en riqueza. Pero el trabajo es muchísimo más que eso. Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre.”  F. Engels.

 

FABIAN MORALES X 300Por Fabián Morales

Así comienza el escrito “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre” del autor alemán Federico Engels, valioso material académico que aterriza la importancia del trabajo para el ser humano, en tiempos donde el posmodernismo y otras pintorescas “teorías” intentan desacreditar  los conocimientos profundos y los hechos más  obvios.

Por otro lado, el trabajo ha estado atravesado por las distintas formas de producción que ha desarrollado la humanidad. En ellas siempre han existido enormes diferencias entre los sectores dominantes que las promueven y la población base sometida.

En 1886, trabajadores de distintos oficios en Chicago lograron organizarse y movilizarse por una jornada digna de trabajo. Mientras un rancio grupo poderoso obligaba a laborar de 14  hasta 16 horas al día, los obreros exigían 8 horas, para el resto del tiempo dedicarlo a sus familias, al estudio o al  descanso. Las grandes movilizaciones y huelgas anteriores y posteriores al primero de mayo  del 86 lograron su meta que estuvo siempre por encima de sus diferencias y gustos políticos,  y a pesar que los líderes del movimiento de Chicago fueron condenados y ejecutados, sus ideas fueron ejemplos para los trabajadores de todo el mundo que lucharon y alcanzaron estas justas condiciones. Cada año se conmemora a nivel mundial esta fecha imborrable para toda la humanidad.

Sin embargo,  a pesar de lo que representa el trabajo para el ser humano y de logros alcanzados desde 1886, organismos de crédito internacional al servicio de una pequeña y poderosa elite, arrebatan y condicionan la existencia de millones de personas con oficios cada vez más extenuantes acompañados de salarios que limitan con el surrealismo. En Francia, Grecia o Colombia aplican agresivamente sus recortes salariales o aumento de la edad para pensionarse junto a otras perversiones económicas, bajo la fachada mediática de la “austeridad” y la “optimización” de la economía.

En Colombia, el panorama laboral en la actualidad no es muy alentador. El modelo del libre comercio puesto en marcha por el gobierno de César Gaviria opera bajo un pilar fundamental:“sin mano de obra barata no hay neoliberalismo que valga”, clara muestra de ello fue el raponazo del gobierno de Juan Manuel Santos a los trabajadores en  las negociaciones del salario mínimo para el 2016. Más angustiante aún, es que con los TLC que está firmando Santos de manera compulsiva se genera algo mucho peor: los TLC acaban los pocos sectores que desencadenan los procesos de desarrollo más importantes para la nación y con ellos las fuentes generadoras de empleo estable y medianamente decentes.

Para Risaralda, desde el año 2000 el desempleo se ha mantenido en los primeros lugares del país, incluso en algunas ocasiones por encima del promedio nacional, además su industria y su agricultura han disminuido su participación en el producto interno bruto regional, dándole paso a fuentes de empleo menos sólidas y remunerativas. El desempleo y la informalidad siguen reinando en el departamento y en Colombia, así Santos y el Dane quieran ficcionar la realidad.

Así pues, el primero de mayo, además de ser una fecha para recordar nuestros orígenes y las justas gestas de los trabajadores a nivel mundial, también es un momento oportuno para educar y reflexionar sobre el vergonzoso atraso que no permite otros modos de producción distintos y, con ello, más decentes y estables fuentes generadoras de empleo que encaminen al país por la senda de un desarrollo que beneficie a todos los colombianos.