Esta ley de la que tanto habló mi acompañante, la Ley 1480 que regula el estatuto del consumidor, fue aprobada a principios del 2012 para buscar proteger, promover y garantizar la efectividad y el libre ejercicio de los derechos de los consumidores.
Por: Ángela Morales
¿Qué van a consumir?, es siempre la primera pregunta de los meseros en una discoteca, sin importar quién sea el cliente o la hora a la que llegue para empezar a tomar o simplemente a disfrutar. Estos meseros se tiran encima de cualquiera, como buitres a ofrecer trago, pues, como dicen ellos mismos, necesitan ocupar las mesas con gente que gaste su dinero en los productos. Es decir, si uno no consume mínimo media de aguardiente, ron o cualquier otro alcohol, tiene que moverse de la mesa porque “no se puede quedar sentado sino va a comprar algo”, aun teniendo cuatro Smirnoff sobre la mesa, como si estas no valieran nada.
Esta fue la experiencia de hace poco, cuando estuve en una discoteca de la Circunvalar y en donde casi no nos venden cuatro Smirnoff. Según los trabajadores, no están autorizados a hacerlo a menos de que los clientes compren una botella de algún licor. Pero, entonces, si uno no quiere tomar, ¿tiene que hacerlo para quedarse? ¿No tenemos el mismo derecho como clientes al haber pagado por una boleta de entrada?
En parte es entendible que tengan que vender licor, pues esto es lo que genera ganancias, pero ¿de verdad es necesario llegar hasta tal punto de pedirle al cliente que se mueva del lugar, aun habiendo consumido cuatro Smirnoff, cada una con valor de $10.000?
Las personas con quienes estaba se debatían entre comprar o irnos. Sin embargo, uno de ellos mencionó la ley del consumidor y en caso de que volviera el mesero, empezaría a hacer uso de este derecho. Esta ley de la que tanto habló mi acompañante, la Ley 1480 que regula el estatuto del consumidor, fue aprobada a principios del 2012 para buscar proteger, promover y garantizar la efectividad y el libre ejercicio de los derechos de los consumidores. Por ende, aquel que tenga conocimiento acerca de este decreto y todo lo que conlleva podría libremente tener muy buenos argumentos para no dejarse mover de la discoteca.
Según esta ley, un consumidor es aquella persona natural que “adquiera, utilice o disfrute, como destinatario final, de bienes o servicios” ofrecidos en un establecimiento. En esta relación, anteriormente el vendedor de un producto era un intermediario entre el fabricante y el consumidor, sin embargo, luego de esta ley: “el vendedor es el primer responsable y el cliente debe de saber que este no es solo un intermediario sino el directo responsable de ofrecer las garantías del producto o servicio que ofrece”.
En ninguna parte de la boleta había un valor mínimo para consumir, ni alguna pista sobre lo que podía pasar en caso de no hacerlo. Sentí que algunos de los derechos fueron violados, como el derecho a recibir información pertinente y oportuna sobre el valor del consumo o el derecho de elección, donde se pueden “elegir libremente los bienes y servicios que requieran los consumidores”, entre otros derechos que pienso es necesario todos los dueños y administradores de establecimientos estudien para que no tengan clientes insatisfechos y, a su vez, que todo aquel que salga tenga conocimiento de sus derechos como consumidor.


